La luna y la Cruz.
Misteriosa vigilante de conductas pasajeras,
Segundo planeta que gravedad alternas,
No sólo giras en torno,
Sucumbimos en amable viaje, de igua manera.
No terminas el misterio de tu faz oculta,
Que para ocultarnos rostros,
En forzada rutina
La dictadura muestras.
Pocos creyeran la extraña coincidencia,
Que el tiempo a la tierra sea el de tu obligada vuelta.
Poco empeño muestras
En guardar tan evidente engaño.
Escondido planeta de inusual tamaño,
Otros tiempos en tu vida marcas,
Gran batalla en silencio guardas.
La cruz estigma tu blanca cara,
Signo antagónico de tu maligna esfera,
Signo de contradicción eterna,
Signo de tu malestar, daga y quimera.
Mas antiguo el signo,
Que el tiempo en que se conociera,
En símbolo de oprobio,
En un monte surgiera.
De antiguas memorias,
A nuestra memoria pareciera,
Pues todavía el ánima,
No habitaba la tierra.
Cuando el tiempo se detenga,
Cuando a las etéreas presencias muestren,
Tantas fuerzas dispersas,
Tantas celestes mareas.
Cuando todos los tiempos
Uno solo sean,
En objeto inmóvil te conviertas,
A tu alma celeste te devuelvas.
No existirán los momentos,
Ni pasado ni futuro,
Un solo encuentro,
Un solo tiempo.
La cruz que marca tu giro,
La cruz que esconde tu camino,
Dominará por siempre,
Inmóvil, en principio y destino. |
|